¿Cómo afecta la edad a los emprendimientos?

En el emprendimiento de un proyecto la edad no es ni será una limitante. La experiencia de empresarios con métodos antiguos sólo requiere de una “actualización de software”, que le permita entrar al ruedo. Sin embargo, para ello se debe estar dispuesto a aprender. La experiencia de empresarios de hace 20 ó 30 años ha de socializar con los nuevos usos, programas y lenguajes tecnológicos que le permitan involucrarse con las nuevas generaciones de empresarios. Así mismo, ambas generaciones necesitarán abrir sus mentes y sus oídos.

Sin duda alguna la inteligencia digital es una de las características fundamentales de los empresarios e ingenieros de esta era, pero pareciera que a cambio de ello hubiesen olvidado un poco su condición de ser humanos. Justamente ésa es su debilidad, por lo cual valdría la pena preguntarse, ¿alguien que haya aprendido a utilizar sus emociones tan bien como las herramientas tecnológicas podría dirigir mejor una empresa o una negociación? Los empresarios de vieja data son capaces de intercambiar inteligencia emocional por inteligencia digital. ¿Serán capaces de hacer lo mismo los millenials?

Enseñar a “leer” y comprender a los otros desde las emociones es el reto de los líderes empresariales de vieja data, pues por más que nuestra era esté llena de emociones digitales, las relaciones interpersonales siguen siendo vitales al momento de liderar una empresa. En este mismo sentido, los empresarios de la generación que transcurre tienen el reto de aprender a conocer las emociones de los otros, pero también de preguntarse como niños sobre los problemas de su empresa. Sustituir el “¿qué? y ¿cómo?”, por “¿por qué’” “¿para qué?” “¿y si…?” son maneras de repensar los aciertos para descubrir los errores.

En estar dispuestos a aprender de otras generaciones radica la clave del éxito. Las dos caras de este milenio son: inteligencia digital vs inteligencia emocional.

¿Cómo deben enfrentarse los equipos de trabajo a las nuevas tecnologías?

Asumir en nuestras empresas el uso de nuevas tecnologías implica estar dispuesto a recorrer un proceso de adaptación que permita el uso más adecuado de las​ mismas​. Esto es como dejar de escribir con papel y lápiz para empezar a utilizar un teclado y una pantalla. Por este motivo, lo primero es iniciar con un proceso de aprendizaje que nos prepare para la correcta utilización de esta herramienta.

En este proceso deben estar involucrados cada uno de los empleados cuyas competencias lo requieran. En este caso, el aprendizaje es global y complementario. No está delimitado por los roles que cada empleado desempeña dentro de la empresa, ya que la información es transversal y puede ser de valía para todos.

El peor error que puede cometer una empresa es pretender “modernizarse” sin que sus empleados tengan las capacidades óptimas para relacionarse con los nuevos sistemas. Evitar la hipertrofia tecnológica es un punto importante a tener en cuenta al incursionar en nuevos sistemas, que permitan la digitalización de las operaciones.

La empresa y los empleados requieren resultados rápidos y eficaces, por esta razón una vez que se tome la decisión de incursionar en proyectos innovadores, deben dividirse en fases que puedan irse cumpliendo sobre la marcha, sin atrasar la labor de la empresa ni la incorporación de los nuevos sistemas.

Sin duda alguna, para poder desarrollar un proceso de innovación, la empresa debe contar con profesionales capaces de llevar un proceso analítico, que aunque no sea innovador sí sea eficaz. Sin mayores pérdidas de tiempo ni dinero, lo cual supone personas que sepan aprovechar los recursos. Toda evolución depende del buen uso de las herramientas e insumos con los que ya cuenta la empresa.

Finalmente, ¿quieres incursionar en la transformación de los sistemas de procesamiento de datos en tu empresa? Hazlo conquistando un desarrollo óptimo. Primero, capacita al personal, segundo: dirige tus proyectos por medio de procesos de aprendizaje y aplicación simultáneamente. Tercero: aprovecha los recursos con los que ya se cuentan en la empresa y finalmente evita proyectos cuyos procesos sean demasiado complejos para nuestro alcance.

¿Después de cuánto tiempo es bueno cambiarse de trabajo sin parecer inestable?

La expectativa de entrar a una empresa y jubilarse en la misma es una opción cada vez más improbable, tanto para empleadores como para empleados. De modo que cambiar constantemente de empleo es cada vez más normal.

Sin embargo, la situación es distinta dependiendo del país. En ocasiones las empresas exigen a los ejecutivos una experiencia mínima de 5 años, pues de lo contrario puede entenderse como un sujeto inestable. Por el contrario, si la misma persona se ha mantenido por más de 7 años en el mismo cargo, entonces genera la duda si podrá asumir el reto de cambiar de cargo y objetivos.

Según la BBC Mundo los gerentes o ejecutivos podrían mantenerse en sus cargos por al menos 3 o 4 años, considerándose este período de tiempo el suficiente para dejar su aporte a la empresa.

La permanencia ni la estabilidad son bien vistas en un curriculum. Un empleado que dure menos de tres meses en su cargo, suele generar desconfianza en el nuevo empleador. Aunque haya quienes consideran que la excesiva permanencia de los trabajadores en el mismo cargo no es ventajosa, ya que no se arriesgan a afrontar nuevos retos.

Si bien es cierto que las generaciones previas a la década de los años 90 mostraban mayor lealtad a la firma o empresa, la generación de los llamados “millennials” no presenta esa fidelidad excesiva; lo cual puede costarle caro a las empresas que no sepan mantener sus empleados y presentarles propuestas atractivas de ascenso y aprendizaje.

El debate de las empresas actuales: empleado exclusivo vs. empleado autónomo

El desarrollo tecnológico va teniendo impactos positivos y negativos alternativamente. Las empresas parecen beneficiarse cada vez más con los recursos tecnológicos que le permiten prescindir de gran número de empleados. Entonces, ¿qué sucederá con los trabajadores en esta nueva era laboral? Actualmente, las empresas exigen a sus empleados mayor creatividad y menos ejercicios mecánicos.  

Las empresas parecieran organizarse en detrimento de los empleados, pero no es del todo así. Naturalmente, las compañías se organizan buscando ahorrar costos en la realización de su producto o servicio, por ello buscan que una misma persona sea lo suficientemente capaz y productiva para cubrir distintas tareas, en vez de contar con un amplio equipo de trabajadores dedicados cada uno a pequeñas actividades, que ahora pueden resolverse con el uso de equipos tecnológicos e internet. Pensando sobre todo en que muchos de estos ejercicios mecánicos pueden resolverse a distancia, pues la comunicación ya no es necesariamente presencial.  

Es muy común que la empresa no requiera de un empleado a tiempo completo dedicado a la misma labor, sino fracciones de su tiempo distribuido en distintas tareas. Por ello, cada vez más existen empresas con empleados fijos, cuyas relaciones laborales dependen de la mayor cantidad de cargos que pueda ser capaz de ocupar el mismo sujeto; esto le permite a la empresa mantener la misma productividad por menos costos.

En los casos donde estos “multiempleados” no existan, a la empresa le resultaría más rentable subcontratar el servicio a otra compañía, que cubrir los costos de todo un departamento para simplemente sacar mensualmente una nómina, por ejemplo. En estos casos las empresas podrían establecer acuerdos entre ellas, estableciendo así una red de negociaciones, donde los servicios de unas sean contratados por las otras. Especializándose cada una en determinadas áreas, cuyos servicios puedan ser contratados por distintas compañías, sin la necesidad de que existan departamentos internos dedicados a cada área.

¿Y qué sucede con los empleados? La figura del empleado exclusivo empieza a entrar en vencimiento para darle entrada a la figura del empleado autónomo. Este sujeto funciona como una suerte de puente entre las distintas empresas que contratan recíprocamente sus servicios.

La salida no violenta a una situación así sería el establecimiento de una renta básica universal financiada con impuestos a las empresas; y esto sería todavía mayor incentivo para trabajadores autónomos: la gente recibiría un mínimo para poder sobrevivir y trabajaría de forma esporádica e independiente para tener un sobresueldo.

10 HÁBITOS QUE TODO EMPRENDEDOR DEBE ASUMIR

Para desarrollar un proyecto de la manera más óptima, el emprendedor necesita cumplir con diversas condiciones relacionadas con su actitud en relación al trabajo y jornada laboral. Todo inicio es complejo, pero usualmente se complica más cuando no sabemos cómo trazar ni cumplir los objetivos que permitirán alcanzar la meta. Por ello compartimos diez tips que pueden servir para mejorar la relación del emprendedor con su proyecto.

 

  1. Si tu negocio es pequeño, aparenta ser más grande. En ocasiones la modestia es un problema para el crecimiento de la empresa .
  2. Desarrolla una muestra de tu producto, el cual podrás mostrar a posibles clientes para que valoren si lo que están viendo da solución o los beneficia en la solución de los problemas que tú les has planteado previamente.
  3. Invierte más en eficiencia y menos en tiempo.
  4. Empieza la jornada antes de los horarios regulares. Evita interrupciones de todo tipo, incluso telefónicas.
  5. Si tu proyecto apenas empieza y cuentas con poco tiempo, trabaja dos horas antes de que empiece el día y no al final, cuando ya estás cansado.
  6. Cada distracción y cada decisión compite por recursos en tu cerebro. Decide en qué ocuparte y disminuye las distracciones.
  7. Invierte tu tiempo pensando en función de qué obtienes y de qué manera te ayuda a avanzar
  8. No te quedes atrás. Escucha la opinión de los clientes y el mercado; esto te permitirá readaptar o ajustar el producto a las necesidades que vayan surgiendo.
  9. Si tu negocio está empezando recuerda que al ofrecerlo no estás vendiendo el producto, sino una visión del mismo. Haz que sea la mejor.  
  10. Si eres capaz de construir un prototipo, entonces eres capaz de construir algo.

Tres fases principales para iniciar cualquier proyecto de emprendimiento

Normalmente todo creativo desea materializar sus ideas en proyectos o negocios tangibles, de lo cual se está más cerca una vez que el público entra en contacto con el mismo. Un restaurante no es tal si los comensales no pueden visitarlo. Un libro no es tal si los lectores no pueden leerlo. Una empresa publicitaria no es tal si los comerciantes no pueden acceder a ella y sus ofertas. Un creativo no tiene por qué dejar de ser creativo, pero sí aprender a convertir sus ideas en hechos y objetos tangibles y productivos.

Entonces, ¿cómo empezar a materializar tantas ideas? Lo primero es plantearse una serie de fases que debemos cumplir progresivamente, ya que esto nos ayudará a demarcar la evolución del proyecto. Gracias a esto las palabras de todo emprendedor a partir de ahora son: planificar, desarrollar, chequear y actuar, cada una con el mismo nivel de importancia para alcanzar nuestro objetivo: materializar ideas.

La primera fase consiste en escoger un modelo de negocio donde especificar qué proyecto tenemos en manos, cuáles segmentos lo constituyen, qué propuestas de valor tiene, cuáles son los canales para hacerlo llegar a los otros, cuáles son las alianzas claves que podrían establecerse, qué recursos requeriremos a corto, mediano y largo plazo, y por supuesto cuáles son los posibles clientes y por ende cuál será la fuente de ingresos más estable del mismo. A largo plazo esto se convertirá en una suerte de políticas que determinarán el desarrollo del proyecto, ya que permitirán estructurar y darle sentido a lo que estamos construyendo. Son como las reglas del juego.

La segunda fase está relacionada con preguntarse quiénes participarán en la materialización del proyecto. Hoy menos que nunca el trabajo lo hacemos solos. En pleno siglo XXI todas las condiciones están dadas para trabajar en equipo y establecer alianzas en distintos aspectos. Por ello es recomendable acudir a espacios donde hallar el equipo ideal, que nos permita avanzar más rápido y con mayores fortalezas.

Por estas razones contar con un coworker o varios es lo ideal, ya que cada uno podrá ocuparse en distintas actividades. Si hay una buena organización y delegación de funciones podría aprovecharse más y mejor el tiempo y los recursos invertidos. Sin embargo, lo más recomendable es que tus coworker conozcan de qué va el negocio y la dinámica del mercado dentro del cual se quiere introducir el proyecto, pues cada uno deberá asumir con conocimiento las responsabilidades acordadas. En este sentido todos serían una suerte de socios y asesores simultáneamente, para lo cual es vital aprender a escuchar y opinar.

Es indispensable que cada uno de los involucrados asuma que un negocio no es un hobby, por ello deben balancear las actividades clave y las actividades secundarias. Las primeras conducen a la materialización del proyecto, las segundas pueden terminar alejándonos del mismo.  

Y la tercera será ponerse en contacto con los posibles clientes. Esto con varios propósitos; primero para dar a conocer el proyecto, segundo para recoger opiniones y así verificar si lo que se está ofreciendo tiene un verdadero valor para el consumidor. Y tercero validar la hipótesis del negocio directamente con los clientes, quienes a su vez constituirían la red de contactos que permita difundir el negocio y multiplicar sus inversionistas y consumidores.  

Acá los tres pasos indispensables para iniciar un proyecto: definir el sentido y la finalidad del proyecto, ubicar las personas que nos ayudarán a materializar cada fase y finalmente reconocer los posibles clientes interesados en el mismo. Una vez que se tenga claro qué queremos hacer, con quiénes y para quiénes, entonces será momento de poner manos a la obra y actuar.

6 Tips para convivir en un coworking

Cómo comportarse en sociedad ha sido tema de reflexión desde hace siglos. Todo espacio público donde convivan más de dos personas implica un mínimo acuerdo de convivencia, que permita el bienestar y comodidad necesarios para habitar el mismo espacio (por la cantidad de tiempo que cada uno requiera), de la mejor manera. Como ya sabemos, los coworking son espacios de convivencia cuya finalidad es posibilitar el trabajo en equipo, por ello es importante preguntarnos cómo debemos o podemos comportarnos dentro de un coworking para sentirnos cómodos y hacer sentir bien a los otros, es decir, para posibilitar la convivencia.

En principio, como en cualquier espacio público, sé educado y amable al llegar. Aunque parezca obvio no está de más, a veces olvidamos saludar al llegar y despedirnos al salir, y sin embargo hacerlo sigue siendo una de las principales claves para la buena convivencia. A nadie le gusta ser ignorado, de modo que ésta es una forma de hacerte notar y manifestarle al otro que lo ves y existe para ti.

El segundo tip  consiste en aprovechar al máximo las oportunidades para relacionarte con tus vecinos. Procura generar momentos en los cuales compartir un café, té o simplemente agua (aunque también puedes aprovechar la hora de la comida), para conocer a los otros coworkers. Conversar con ellos y preguntarles sobre cosas de interés común. La comida y los “recreos” siempre son espacios ideales para la convivencia y la comunicación. Aunque, si bien es cierto que no existen momentos específicos para hablar, ten cuidado con abusar de las conversaciones, ya que no debes olvidar que un coworking es un espacio para trabajar. Si abusas podrías interrumpir el trabajo de los otros y descuidar el propio. Aprender dónde y hasta cuándo conversar es una manera de mostrar respeto hacia los demás.

La siguiente recomendación es que abras tu mente a lo desconocido, a nuevas propuestas y a distintos tipos de personalidad. La posibilidad de conocer gente distinta en un coworking es una de las tantas ventajas que estos espacios nos ofrecen. Está claro que cada cual tiene sus propios objetivos y metas, sin embargo, no dejes pasar la oportunidad de ampliarlos al permitirte trabajar con otros y escuchar sus propuestas.

Evita intimidarte e intimidar. Aunque los coworking estén llenos de gente talentosa e inteligente, no te intimides. Procura aprender de la experiencia de cada uno y compartir la propia. Valora los conocimientos de los otros, pero también los propios. Seguramente, también tienes cosas que ofrecer. No podemos olvidar que los coworkers son personas creativas y emprendedoras, que desean hacer crecer algún negocio, por ello saben que cualquiera puede ayudarlos a conseguir su objetivo. No subestimes tu trabajo ni tu conocimiento y tampoco el de los otros. Aprende a escuchar y compartir.

El quinto paso para mantener una buena convivencia en cualquier coworking (e incluso cualquier espacio público), es saber pedir ayuda. Aunque tengas muchos conocimientos y habilidades, siempre habrá algo que no sabes, por ello existen los coworking. Allí puedes encontrar personas de distintas áreas que seguro querrán ayudarte en tu proyecto, pero para obtener ayuda debes aprender a pedirla y recibirla.

Una sexta sugerencia que traemos en esta oportunidad es mantenerte motivado. La decoración, las personas y los servicios que se ofrecen en un coworking son alternativas para no saturarnos ni desanimarnos. Debes tener en cuenta que largas jornadas de trabajo pueden saturarte fácilmente y dejarte sin energías. Así que apenas sientas que pierdes los ánimos o no logras resolver algún problema, busca un respiro a tu alrededor. Probablemente alguna imagen en la pared o alguna idea de otro coworker te hará salir a flote. Una de las finalidades del trabajo en equipo es animarse e impulsarse mutuamente.

Si ya te decidiste a ser parte de algún coworking, ten en cuenta estos tips de convivencia y seguramente cada jornada laboral será un día estupendo. Recuerda: sé educado y amable, conversa con tus vecinos sin abusar, permítete conocer propuestas y personalidades distintas, no te intimides ni intimides a los otros, aprende a dar y pedir ayuda y por último, procura mantenerte siempre motivado.

Cómo potenciar mi personal branding en redes sociales

 

El branding personal o autopromoción en redes sociales consiste en promocionar por sí mismo sus logros, trabajos y fracasos, es decir, consiste en llamar la atención y alcanzar visibilidad incluso utilizando aquello que quisiéramos obviar: el fracaso. Aquí bien podría ser útil pensar: mientras más humano, más engagement.  

Una de las cosas más importantes que se deben tener claras al momento de auto-promocionarse es: ¿Qué nos diferencia del resto? A partir de allí podremos saber qué queremos promocionar de nosotros mismo y para qué. Auto-promocionarse implica reconocer que se es una fuente de información lo suficientemente confiable como para mostrar y ganar credibilidad dentro de la dinámica social digital.

¿Para qué algunas personas se auto-promocionan?

Si el sujeto se asume como marca o cuenta con un producto intelectual que desea mostrar, como alguna obra literaria o pictórica, seguramente querrá auto-promocionarse para emprender el posicionamiento de su imagen como artista, escritor, científico, etc., seguidamente para tener una oportunidad de mostrar su trabajo, comercializar con él y por supuesto, crear una comunidad cuyos intereses giren en torno a lo que está promocionando de sí mismo o bien para darle mayor salida a la obra ya publicada o expuesta.

Por eso, Decker y Kylen  nos sugieren como primer paso:

  1. Hacer un estudio sobre las redes que mejor se adecúan a la marca o a nuestros intereses
  2. Llevar un blog porque en él se recogerá toda la información y conocimientos de la marca personal.
  3. Luego de haber escogido una plataforma (blogspot, wordpress, Tumblr, Medium), debemos tener claro qué escribir.

Luego de considerar estos pasos, recordemos que las personas llegan a los sitios web por la eficacia de los motores de búsqueda, pero la única manera de hacer que se queden, regresen y recomienden nuestra web es por la calidad de los contenidos. Mientras mejor entendamos que debemos hacer que el usuario genere fidelidad con la marca, mayor autoridad tendremos frente a él sobre lo que se dice y mejores contenidos produciremos.

Ahora bien, recordando que las redes sociales son precisamente eso: una red, siempre es importante asumir nuestros contactos o seguidores como posibles personas que hablarán sobre nuestra marca, por ello nuestro trabajo es ofrecerles un producto de calidad no sólo para hacerlos hablar sobre nosotros, sino para que hablen bien. La experiencia del usuario en nuestra página web o red social está en nuestras manos: eficacia y calidad son nuestras palabras clave.

La autopromoción es un trabajo y como todo trabajo exige paciencia, constancia y coherencia entre lo que compartimos y lo que queremos conseguir. Por esa razón también es importante medir constantemente el alcance de nuestra marca (siendo la imagen propia en este caso). Para ello se recomienda utilizar  Google Analytics, el cual nos facilitará información sobre el origen del tráfico que recibimos, cantidad de visitantes, palabras clave que más atrae a los usuarios e incluso los artículos que no han gustado demasiado.

Finalmente, el branding personal es publicidad y es experiencia. No siempre las marcas con mayores recursos son las más posicionadas, sino aquellas que mantienen la mejor calidad.  

Cómo empezar a posicionar mi marca en redes sociales

En este momento para cualquier persona, marca o empresa es importante circular por internet, estar en las redes, mantenerse en contacto con otros internautas y ser parte de la dinámica social que caracteriza la era digital, pero no basta con estar.

Es necesario ser conscientes que las redes sociales son un medio de comunicación y esa comunicación debe ser constante y fresca para que nuestra estadía sea visible. Para lograr esa visibilidad o posicionamiento no existe una fórmula, pero sí claves que permitan generar lo indispensable: conexión con la audiencia.

Por eso lo primero que debemos tener claro es que la finalidad de las redes  no es vender, sino comunicarse. Esto nos permitirá crear engagement con la audiencia, es decir engancharlos a nuestra marca procurando que se sientan parte de ella, a través de un lenguaje amable y sencillo que se haga distintivo de la marca.

Siguiendo los consejos de Patrick Suquet, hacemos una lista de las cosas que se deben tener en cuenta al iniciar el posicionamiento de una marca por medio de redes sociales:

 

  • Tener claro para qué estás en las redes sociales: comunicarte
  • Hacer preguntas y medir tu reputación: mantener una relación interactiva con la audiencia
  • Crear contenido interesante y bidireccional: atender constantemente a qué le interesa a la audiencia y sobre qué quiere enterarse

 

  1. El 70% del contenido debe girar en torno a la promoción de la empresa: evitar la autopromoción
  2. Saludar y desear buen día: ser amable, fresco y sencillo
  3. 20% del contenido debe ser información útil de terceros: crear una comunidad de contenidos aportados por todos
  4. Dedicar 10% del contenido a la autopromoción: no perder de vista que el objetivo de las redes no es vender
  5. La finalidad de las redes es generar contacto y crear una comunidad: no crear un chat con los usuarios
  6. Usar un lenguaje sencillo, claro y fresco en los contenidos: para despertar emociones en los usuarios sin saturar ni abandonar
  7. Hacer sentir a los usuarios como parte de la marca: generad fidelidad y motivación

 

Lee estas diez sugerencias sobre el posicionamiento de una marca en las redes, piensa en cómo aplicarlas a tus necesidades y empieza.  

Espacios de Coworking: ciudades dentro de ciudades

Desde hace más de diez años la modalidad coworking se ha ido estableciendo como un espacio ideal donde concebir ideas, iniciar proyectos, desarrollarlos y terminarlos. El coworking no sólo es una alternativa a la oficina en casa, también lo es para empleados convencionales que se desempeñan dentro de oficinas tradicionales; por eso es una opción tanto para individuos como para grupos.

El coworking es un pequeño mundo dentro de las ciudades. Por él transitan desde personas con muchas ideas y escasos recursos para desarrollarlas, hasta personas con pocas ideas y muchos recursos para desarrollarlas, es decir, un coworking permite la coincidencia de sujetos que se buscan sin saber dónde encontrarse, pero ahora ¡ya lo saben!  

Muchas personas se preguntan si un coworking es como trabajar desde casa; les decimos que realmente no lo es del todo. En el coworking te sientes como en casa, pero produces como en la oficina, por ello es una combinación ideal entre comodidad y productividad.  Claro que es posible trabajar desde casa si se cuenta con todas las herramientas necesarias para hacerlo, pero se estaría perdiendo de la compañía de otras personas y profesionales con quienes compartir un ambiente sano, colaborativo, vivo y multidisciplinario.

El Coworking podría convertirse en el motivo ideal para recuperar espacios olvidados o abandonados de distintas ciudades y convertirlos en lugares productivos, tal como lo señala Isabel Romero, pues con esto “se ha construido pequeñas ciudades dentro de ciudades. Y no sólo eso, sino que también han transformado las urbes en las que se asientan, generado cambios arquitectónicos y la proliferación y el asentamiento de nuevos negocios y comercios alrededor de los coworkings”.  Es decir, ya el talento, las ideas y el emprendimiento no están encerrados en oficinas insípidas sino que ciudades, pueblos, aldeas y distintos espacios marginados albergan proyectos en cualquiera de sus rincones.

Definitivamente es propicio hacerse parte de este replanteamiento del trabajo y las interrelaciones sociales que estamos experimentando como sujetos del siglo XXI. Teniendo como uno de los objetivos principales reanimar los espacios urbanos donde convertir el ocio en tiempo productivo. El corworking supone un espacio y tiempo donde se comparten aficiones, labores, familia, entre otras; dentro del cual suceden cosas productivas en compañía de otras personas con fines tanto comerciales como de entretenimiento (preferiblemente ambas a la vez).

Ahora veamos las ventajas y desventajas de un coworking.

Ventajas:

  1. Tenemos la posibilidad de involucrarnos con profesionales multidisciplinarios,
  2. Generar contactos,
  3. Reducir costos,
  4. Obtener asesoramiento financiero y comercial, 
  5. Evitar las distracciones y limitaciones que supone trabajar desde casa,
  6. Aminorar el aislamiento,
  7. Aprovechar la inteligencia colectiva,
  8. Promover la colaboración sobre la competencia y la amistad por encima de la formalidad.

Ahora las desventajas

Desventajas:

  1. Respetar las normas para hacer más fácil la convivencia,
  2. Respetar los horarios para no perjudicar a otros usuarios,
  3. El silencio o ruido del espacio depende de la cantidad de usuarios, que haya en el  momento,
  4. No permite mucha privacidad para atender llamadas.

Si comparamos ambas, evidentemente tenemos más ventajas que desventajas. Y si se piensa bien en las desventajas, no son más que normas mínimas de convivencia para volver a aprender a vivir en sociedad, las cuales se reducen a ser conscientes de la presencia del otro y respetar el espacio que compartimos con él. Te invitamos a hacer una balanza y unirte a un coworking.

 

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